La utilización de medios informáticos en los procesos electorales no constituye, hoy en día, ninguna novedad ya que, pese a que ciertas acciones siguen realizándose de forma manual, muchas otras cuentan ya con sofisticada tecnología. Así, por ejemplo, la totalización del resultado (cfr. RIERA JORBA, 2003) se realiza normalmente de forma electrónica, aunque siempre resta un respaldo en papel con el que pueden verificarse los datos proporcionados.
De esta forma, los estudios sobre el voto electrónico no suelen referirse a las fases ya informatizadas, sino a la introducción de dispositivos electrónicos en el corazón mismo del proceso electoral, es decir, en el momento en el que ciudadano emite su voto. Hoy en día tal operación se realiza mediante la introducción de una hoja de papel en una urna, pero cabe la posibilidad de que tal operación se informatice. Este trabajo adopta precisamente este sentido restrictivo de voto electrónico y analiza diversas modalidades. Empezaremos ofreciendo una clasificación inicial de los diferentes tipos existentes.
Esta primera distinción es fundamental ya que la elección de uno u otro entorno implica la aparición de problemáticas distintas. Así, por ejemplo, mientras un entorno controlado nos permite excluir la posibilidad de coerción inmediata, votar desde el hogar o desde el lugar de trabajo deja la puerta abierta a posibles extorsiones. Por otra parte, la identificación del votante también debe plantearse de forma distinta ya que en un entorno no controlado no existe la posibilidad de mostrar, como se hace actualmente, una acreditación tradicional de la identidad.
Una vez expuesta de forma somera la tipología de votaciones electrónicas, conviene reflexionar sobre la conveniencia real de introducir tales innovaciones en un ámbito tan delicado como el de la expresión de la voluntad popular.